domingo, 21 de febrero de 2010

¿Una presidenta para Brasil?


Dilma Rousseff tiene la chance de transformarse en pocos días en la candidata a la presidencia de Brasil por el Partido de los Trabajadores. Con fama de funcionaria dura y autoritaria –una cualidad que no se tolera en las mujeres políticas-, tiene el enorme desafío de capitalizar el prestigio y la popularidad del actual presidente Lula antes de las elecciones nacionales de octubre. En una especulación similar a la de los Kirchner, se dice que Dilma es la carta del actual mandatario para retornar al poder en el 2014.

Será el sábado 20 de febrero, en la clausura del IV Congreso Nacional del Partido de los Trabajadores (PT). Según lo programado, la precandidata a la presidencia de Brasil, Dilma Rousseff, se liberará de su situación de 'pre' para asumir una condición inequívoca de candidata.

El desafío es tan grande como la fama que proyecta el saliente Luiz Inacio da Silva, Lula, considerado por el francés Le Monde y el español El País, hombre del año del 2009. Lula atesora una popularidad extremadamente alta a pesar de haber pasado dos mandatos lidiando con crisis económicas mundiales y con escándalos locales de corrupción.
Hace un año, la economista Dilma Rousseff, era prácticamente desconocida. En este tiempo, Lula la designó como su candidata y potenció su visibilidad al frente del Ministerio de la Presidencia (Ministra da Casa Civil). La misma política que, en marzo del 2009, sumaba un escaso 16% en intención de voto, se ha descubierto con un 27% a finales del pasado mes de enero. Su principal rival, el socialdemócrata José Serra, ha tomado el camino contrario: mientras que en marzo del 2009 le hubiesen votado casi 46 de cada cien brasileros y brasileras, en los últimos sondeos se redujeron a 34%.

A pesar de los avances, la desventaja con respecto al rival persiste. Gobernador del Estado de Saô Paolo por el Partido Socialdemócrata Brasilero (PSDB), Serra tiene mayor visibilidad y experiencia al frente de un gobierno. Rousseff, en cambio, nunca ejerció un cargo similar, realidad que sus detractores tildan de hándicap a favor de Serra a la hora de dirigir un país. Este ha sido uno de los argumentos utilizados por el ex presidente Fernando Henrique Cardoso, cofundador del PSDB y presidente entre 1995 y 2003, en sus recientes críticas a la candidata ante la prensa internacional. Junto a lo que considera 'falta de liderazgo', el ex mandatario neoliberal acusa a la candidata de dogmática y radical por sus manifiestas convicciones izquierdistas.

El robo del siglo

Si Rousseff no tiene experiencia al frente del gobierno de una administración, sí puede presumir de un largo curriculum de activismo político. Nacida en 1947, hija de un abogado búlgaro de simpatías comunistas y de una brasilera, a sus veinte años renunció a una existencia plácida de clase acomodada para sumarse a los movimientos de izquierdas contra la dictadura. Empezó en el POLOP, relacionado con el partido socialista. De ahí se pasó al Comando Liberaçao Nacional, conocido como COLINA y que aglutinaba a los militantes del POLOP que se escindieron al considerar necesaria la lucha armada. Las suyas serán acciones violentas que se traducirían en asaltos a bancos, robos de coches, y atentados con bomba que no llegaron a provocar víctimas mortales. Aliándose con otras organizaciones similares, COLINA integró la Vanguardia Armada Revolucionaria Palmares (VAR Palmares). A Rousseff aún se le acusa de ser el cerebro de la operación más célebre del grupo: cuando fue asaltada la casa de la amante del ex gobernador Ademar de Barros. Los activistas sustrajeron 2,5 millones de dólares guardados en una caja fuerte, fruto de la corrupción.

El golpe fue sonado y sus consecuencias no tardaron en llegar. Junto a otros compañeros de lucha, Dilma fue apresada, encarcelada y torturada entre 1970 y 1973.

Tras militar en el Partido Trabalhista Brasileiro (PTB) y el Partido Demócrata Trabalhista, Rousseff ingresó en 1986 en el PT. Primero ocupó cargos a nivel regional, pero fue en 2003 cuando un Lula recién nombrado presidente del país la designó como Ministra de Minas y Energía. En 2005, el presidente le pidió que sustituyese a José Dirceu como Ministra de la Casa Civil. Dirceu, hasta entonces hombre fuerte de Lula, hubo de dimitir al estallar el escándalo de las mensualidades, intriga corrupta que arrasó con buena parte de los líderes del PT y erosionó la credibilidad del partido.

La mujer dura

La Organización Mundial de los Parlamentos avala una percepción común al señalar que la mayoría de mujeres ministras dirigen carteras en el ámbito de lo social o cultural. No es éste el caso de Rouseff. Su labor al frente del Ministerio de Minería y Energía y del Gabinete del Gobierno ha mostrado un modo pragmático y determinado de desenvolverse en la política que muchos tildan de duro y autoritario. De hecho, a Dilma se le admira tanto como se le ataca por su 'dureza' y su 'determinación'. Ella misma ha ironizado sobre esa percepción de mujer dura que se mueve en un mundo masculino: 'Soy una mujer dura rodeada de hombres tiernos' declaró en ocasión de los Seminarios de Mujeres celebrados el pasado ocho de marzo en Brasilia. Después, ya seriamente, reivindicó la presencia de mujeres en sectores políticos hasta ahora prácticamente vetados para ellas con el fin de acabar con los prejuicios. Y ella sabe de prejuicios: en 2008 tuvo que escuchar a un opositor calificarla por dos veces como 'gallina cacareadora' del gobierno. Este incidente provocó que feministas y diputadas la apoyasen y exigiesen su desagravio.

Gallina, guerrillera o autoritaria, lo cierto es que Dilma se ha labrado una fama de buena gestora. Por ello Lula puso en sus manos, como ministra de la Presidencia, el crucial Programa de Aceleración del Crecimiento (PAC), un conjunto de medidas y obras públicas promovidas que persiguen potenciar el desarrollo del país, extendiendo servicios y satisfaciendo derechos fundamentales de la población. Los buenos resultados de este programa suponen la carta de presentación de la nueva candidata.

Así, el pasado 16 de febrero, tras pasear en busca de visibilidad por los carnavales de Rio, Recife y Salvador, la candidata expuso ante sus compañeros sus planteamientos económicos para la próxima legislatura: una mayor dimensión del Estado que garantice que el crecimiento económico se vea acompañado de inclusión social. El discurso es el de Lula. Sin embargo, muchos señalan que éste se mostró menos partidario del Estado y más propenso a la apertura de mercados. Así pues, la percepción general sitúa a Rousseff a la izquierda del actual presidente. Y aunque no se escuchen aseveraciones explícitas, puede adivinarse cierta tensión hacia un Brasil que abrace posturas más cercanas a las de los países del ALBA. Menos tremendistas, hay otros análisis que apuntan a que esta candidatura no supone más que un interregno continuista hasta que Lula pueda presentarse una tercera vez en 2014.

Octubre

Centrada en una visión económica de redistribución, Rousseff no ha tenido ocasión de presentar su agenda en otras cuestiones, como el género. Sí se pronunció, en una entrevista dada a la revista Marie Claire, a favor de la despenalización del aborto, que en el país está criminalizado salvo en casos de violación o de riesgo para la vida materna. Según un estudio de 2006: un millón de mujeres se practican anualmente un aborto en Brasil.

Si Rouseff vence a su rival en el mes de octubre, la mayor potencia latinoamericana se unirá al reducido club de países que han tenido o tienen como jefa de estado o de gobierno a una mujer. Dilma sería la décima latinoamericana tras la reciente victoria de la costaricense Laura Chinchilla.
Sin embargo, se da el caso de que la del PT no será la única mujer en la carrera electoral el próximo octubre. Se tendrá que medir con una antigua compañera de partido, Marina Silva, que lidera el Partido Verde. No es la primera vez que ambas se enfrenten. Silva abandonó su puesto al frente del Ministerio de Medioambiente en 2008 tras las muchas disputas con Rousseff. Ésta última, interesada en implementar el PAC, acusaba a su colega de frenar el desarrollo del país por culpa de un exagerado celo ambiental.

De origen humilde, la ambientalista y católica Silva goza de una gran popularidad, y fama de íntegra. Pero en principio, no representa una amenaza para Dilma, quien deberá centrarse principalmente en Serra.

En los nueve meses que le separan de las elecciones, Rousseff tendrá que convencer a los brasileros de que es la mejor alternativa a un Lula que se tomará al menos cuatro años de retiro. El camino hasta las urnas no se adivina fácil, las acusaciones de corrupción, terrorismo, autoritarismo o dogmatismo se irán repitiendo desde los medios y los partidos contrarios. Pero de momento, la ex guerrillera ya ha vencido el primero de los obstáculos: un cáncer linfático que la mantuvo bajo tratamiento durante meses, y del que se recuperó el pasado septiembre.



http://laciudaddelasdiosas.blogspot.com/2010/02/una-presidenta-para-brasil.html

Por Sarah Babiker
Fuente:Artemisa Noticias



    



 

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